Palucca. MUT. Courage.
Y así sin querer queriendo, como dijo shakespirito, hoy vine a la presentación de un libro para el cual escribí un pequeño texto.
Ay! cómo me gusta escribir y cómo me da vergüenza! Pos es que Y así sin querer queriendo, como dijo shakespirito, hoy vine a la presentación de un libro para el cual escribí un pequeño texto.
Ay! cómo me gusta escribir y cómo me da vergüenza! Pos es que no sé a quien le aprendí, y qué pena no poder decir que aprendí de algún intelectual de mi familia. Mi familia no es de intelectuales, bueno sí, pero no tanto. (La mera Netflix no)
El texto pasó por varias juntas en las que se prentendió encontrar palabras semejantes, semejantes primero a lo que yo quería decir, luego semejantes a lo que se quería hacer entender y por último: a poner semejantes ideas en otro idioma. (muchas de estas juntas eran nomás conmigo mismo). Semejante tarea.
Una de las cosas más hermosas que conozco, es la primera página de Cien años de soledad, donde GGM dice “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
En este mundo reciente de escribir en otro idioma, así me fui descifrando el texto, a puro camino de dedo, a puro dedazo.
Angela Rannow me ayudo a encaminar las señas, a traducir, y después también coincidimos en Vienna, en un simposio de investigación en Danza con el tema: RESONANCIA.
No resoné como esperaba, al contrario… (ya por favor dejemos esa palabra en paz)…creo que fue la primera vez que en el cuerpo sentí el concepto de lo blanco. Después mi mentora me dijo que tal vez lo que realmente experimenté fue la realidad de la gente que hace desde la no urgencia.
Este pasado Domingo, terminé de leer Hecho en México, de Lolita Bosch. Y soy parte de un obra de teatro en Alemán, aquí lo importante es que:
1. en Hecho en México, aparecen dos poemas de José Eugenio Sánchez, y en la obra de teatro actúo junto a una cantante, y aquí lo interesante es que: la pareja de la cantante es sobrino de Judith Tellez, y Judith Tellez y José Eugenio Sánchez están juntos (creo y espero no vulnerar alguna privacidad aquí) y lo importante de todo es:
que el mundo es pequeño,
porque en el centro de las artes de parque fundidora,
allá donde el transporte público no existe
y se creen mucho porque son del norte,
y respiran metales pesados;
Y van a ser hosts de una marabunta de gente
ardiente
de ver hombres corriendo atrás de una bola.
Yo aparecía en un obra de Judith Tellez, que ahora me volví a encontrar porque leía Hecho en México y actuo en una obra de teatro. En Alemania. Donde si existe el transporte público.
2. ya, es todo.
Ya le he dicho a mi mamá incontables veces que todo va bien, y que un dia de estos voy a audicionar para ser Payaso.
Y ahora que el libro ya se imprimió y que está publicado por la casa editorial del Theater der Zeit, me doy cuenta de que tal vez me falló la semejancia.
[Ah no manches esa bocanada de aire casi deja todo pelón al árbol.
Y desde hace tres días que el sol no sale.]
Ahora pienso que lo más bello no es lo textual, sino que cuando el coronel Aureliano Buendía conoció el hielo, no lo hizo en los glaciares que yo imaginaba, si no en un puesto de feria: en una caja de madera (cofre de pirata dice el texto), donde adentro, envuelto en un trapo infinito (imagino yo), y después de viajar por muchos otros pueblos, que entre ellos me gusta imaginar que está aquel en el que yo crecí: estaba el hielo. (esto pasa en la página 16).
Comencé a amarrar las palabras para este texto el 17 de noviembre que es cuando se publicó el libro.
¿Por qué un mes antes? Primero porque el tiempo ya no rinde, ya es diciembre, y segundo porque como escribí hace tiempo: creo que la escritura no solo un relato pasado, si no presente embadurnado con futuro, es. También.
Con este frío uno pensaría que el cuerpo no suda, por lo tanto no huele. Pero ah sorpresa, el cuerpo apesta, porque al centro de todo, el cuerpo siempre está calientito. Tuve la sensación errónea de querer avivar ese calor con lo frío de una cerveza, pero, oh! alcoholismo potencial! Uno sabe que ya es problema cuando después de la cuarta chela, de 500 ml. le da a uno por querer abrir un vino, y viendo su reflejo negro en la ventana de las 16:00, el “perdona si te hago llorar, perdona si te hago sufrir” agarra un hueco hondo recargado juntito al pezón izquierdo.
Lo unico que hay por escuchar es el ruidito de las gotas percutiendo a las hojas semi-húmedas; Y si se cierran los ojos (o los puede uno dejar abiertos, al fin y al cabo a las 16:00 ya está bien oscuro) se puede uno confundir y pensar que se comienza un incendio.
De regreso a la presentación del libro:
Hoy estoy aquí, con la imposibilidad de mi boca de coordinarle los huecos y acentos exactos a mi lengua para que la gente me entienda. Y el tono de mi voz saliendo agudo-agudo, yo creo pa’ intentar romper la barda donde las palabras chocan pero no rebotan, no se me devuelven. Viendo como todos estos intelectuales toman vino (después chela), y aquí todos son intelectuales, y no como mi familia. Ni como la gente de aquellos pueblos en donde en las ferias se anuncia el hielo, o la mujer lagarto, o la gallina de cuatro patas (con dos cabezas).
Pero bueno, del texto: del texto no les voy a decir nada. Primero por aquello del copyright, y segundo porque muy pocos habrán llegado hasta aquí. Y entonces obligarlos ahora a leer un texto en el que me falló la semejancia me parece una falta de respeto, mejor sigan con su scroll apasionado, viendo como detrás de Claudia Scheimbaum en su mañanera, tal vez venga algún gatito tierno, que vuela eso sí, creado con los algoritmos, la vida y las fantasías que vomitamos en este medio.
Y de la intelectualidad:
Yo creo que la mujer lagarto y la gallina de dos cabezas, son ejemplo perfecto de una sociedad que sueña con lo imposible, con llegar a lugares donde de entrada, uno es el raro, pero esa rareza viene de un centro común. Ein Ort, an dem wir alle seltsam sind.
Y es necesario ya no sentirse raro. Generar la pertenencia. Juan Villoro (cuánta referencia) dice algo así como:
Ser intelectual no es leer y saber todo, sino saber que leer y que saber…no sé a quien le aprendí, y qué pena no poder decir que aprendí de algún intelectual de mi familia. Mi familia no es de intelectuales, bueno sí, pero no tanto. (La mera Netflix no)
El texto pasó por varias juntas en las que se prentendió encontrar palabras semejantes, semejantes primero a lo que yo quería decir, luego semejantes a lo que se quería hacer entender y por último: a poner semejantes ideas en otro idioma. (muchas de estas juntas eran nomás conmigo mismo). Semejante tarea.
Una de las cosas más hermosas que conozco, es la primera página de Cien años de soledad, donde GGM dice “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
En este mundo reciente de escribir en otro idioma, así me fui descifrando el texto, a puro camino de dedo, a puro dedazo.
Angela Rannow me ayudo a encaminar las señas, a traducir, y después también coincidimos en Vienna, en un simposio de investigación en Danza con el tema: RESONANCIA.
No resoné como esperaba, al contrario… (ya por favor dejemos esa palabra en paz)…creo que fue la primera vez que en el cuerpo sentí el concepto de lo blanco. Después mi mentora me dijo que tal vez lo que realmente experimenté fue la realidad de la gente que hace desde la no urgencia.
Este pasado Domingo, terminé de leer Hecho en México, de Lolita Bosch. Y soy parte de un obra de teatro en Alemán, aquí lo importante es que:
1. en Hecho en México, aparecen dos poemas de José Eugenio Sánchez, y en la obra de teatro actúo junto a una cantante, y aquí lo interesante es que: la pareja de la cantante es sobrino de Judith Tellez, y Judith Tellez y José Eugenio Sánchez están juntos (creo y espero no vulnerar alguna privacidad aquí) y lo importante de todo es:
que el mundo es pequeño,
porque en el centro de las artes de parque fundidora,
allá donde el transporte público no existe
y se creen mucho porque son del norte,
y respiran metales pesados;
Y van a ser hosts de una marabunta de gente
ardiente
de ver hombres corriendo atrás de una bola.
Yo aparecía en un obra de Judith Tellez, que ahora me volví a encontrar porque leía Hecho en México y actuo en una obra de teatro. En Alemania. Donde si existe el transporte público.
2. ya, es todo.
Ya le he dicho a mi mamá incontables veces que todo va bien, y que un dia de estos voy a audicionar para ser Payaso.
Y ahora que el libro ya se imprimió y que está publicado por la casa editorial del Theater der Zeit, me doy cuenta de que tal vez me falló la semejancia.
[Ah no manches esa bocanada de aire casi deja todo pelón al árbol.
Y desde hace tres días que el sol no sale.]
Ahora pienso que lo más bello no es lo textual, sino que cuando el coronel Aureliano Buendía conoció el hielo, no lo hizo en los glaciares que yo imaginaba, si no en un puesto de feria: en una caja de madera (cofre de pirata dice el texto), donde adentro, envuelto en un trapo infinito (imagino yo), y después de viajar por muchos otros pueblos, que entre ellos me gusta imaginar que está aquel en el que yo crecí: estaba el hielo. (esto pasa en la página 16).
Comencé a amarrar las palabras para este texto el 17 de noviembre que es cuando se publicó el libro.
¿Por qué un mes antes? Primero porque el tiempo ya no rinde, ya es diciembre, y segundo porque como escribí hace tiempo: creo que la escritura no solo un relato pasado, si no presente embadurnado con futuro, es. También.
Con este frío uno pensaría que el cuerpo no suda, por lo tanto no huele. Pero ah sorpresa, el cuerpo apesta, porque al centro de todo, el cuerpo siempre está calientito. Tuve la sensación errónea de querer avivar ese calor con lo frío de una cerveza, pero, oh! alcoholismo potencial! Uno sabe que ya es problema cuando después de la cuarta chela, de 500 ml. le da a uno por querer abrir un vino, y viendo su reflejo negro en la ventana de las 16:00, el “perdona si te hago llorar, perdona si te hago sufrir” agarra un hueco hondo recargado juntito al pezón izquierdo.
Lo unico que hay por escuchar es el ruidito de las gotas percutiendo a las hojas semi-húmedas; Y si se cierran los ojos (o los puede uno dejar abiertos, al fin y al cabo a las 16:00 ya está bien oscuro) se puede uno confundir y pensar que se comienza un incendio.
De regreso a la presentación del libro:
Hoy estoy aquí, con la imposibilidad de mi boca de coordinarle los huecos y acentos exactos a mi lengua para que la gente me entienda. Y el tono de mi voz saliendo agudo-agudo, yo creo pa’ intentar romper la barda donde las palabras chocan pero no rebotan, no se me devuelven. Viendo como todos estos intelectuales toman vino (después chela), y aquí todos son intelectuales, y no como mi familia. Ni como la gente de aquellos pueblos en donde en las ferias se anuncia el hielo, o la mujer lagarto, o la gallina de cuatro patas (con dos cabezas).
Pero bueno, del texto: del texto no les voy a decir nada. Primero por aquello del copyright, y segundo porque muy pocos habrán llegado hasta aquí. Y entonces obligarlos ahora a leer un texto en el que me falló la semejancia me parece una falta de respeto, mejor sigan con su scroll apasionado, viendo como detrás de Claudia Scheimbaum en su mañanera, tal vez venga algún gatito tierno, que vuela eso sí, creado con los algoritmos, la vida y las fantasías que vomitamos en este medio.
Y de la intelectualidad:
Yo creo que la mujer lagarto y la gallina de dos cabezas, son ejemplo perfecto de una sociedad que sueña con lo imposible, con llegar a lugares donde de entrada, uno es el raro, pero esa rareza viene de un centro común. Ein Ort, an dem wir alle seltsam sind.
Y es necesario ya no sentirse raro. Generar la pertenencia. Juan Villoro (cuánta referencia) dice algo así como:
Ser intelectual no es leer y saber todo, sino saber que leer y que saber…