Folkwang 2024

Siempre que mezclo la palabra con el cuerpo me embriago de redundancia, pero sé con certeza que ahondar en lo obvio es sumamente necesario. Sobre todo cuando es esa obviedad que se mancha con la cotidianeidad del no tener tiempo para vernos, escucharnos, sentirnos, sabernos cuerpo.

Hace unos años (por allá del 2012) escuché por primera vez de la Folkwang Universität der Künste, dos años después, mientras ya estudiaba la licenciatura, intenté hacer un intercambio académico que se vio truncado por cierta burocracia de corto espectro. En el 2020, la muy conocida situación global nuevamente me hacía redireccionar mis planes (de lo cual estoy sumamente agradecido, feliz, enamorado…) y por un momento comencé a ver Folkwang como algo lejano, reforzando la leyenda de Kurt Jooss, la DanzaTeatro y la mismísima Pina Bausch.

Bueno pues hace unos días que en mis mañanas me muevo por el piso de la Folkwang, que comparto con la gente tan abierta y maravillosa que anda por aquí. Hablaba de lo obvio al principio de este texto porque hoy en medio de la clase me pregunté cual sería la función de la Danza, y después de darle vueltas (muchas y por el piso) llegué (otra vez, como siempre) a la idea de que la Danza es vital porque nos reconoce humanos, y es un reconocimiento al que somos exhortados cuando nos ofrece la posibilidad de mirar otros brazos, otros centros compartidos, piernas, cejas, ojos, cabellos… moviéndose al tiempo que nosotros, en un espacio que realmente se crea y que realmente se comparte.

Muy seguido (incluso anoche) me visita un sueño en el que me encuentro en la preparatoria y me dicen que repruebo matemáticas, creo que es un trauma que tengo, porque en realidad el sueño es un eco de la realidad en la que SI reprobé matemáticas SEIS VECES y me sentía un bueno para nada… El ser bueno para nada es un gran tema de estudio. La nada es algo muy grande y poquito (aunque sea muy poquito) pero siento que a veces se me da eso de conjugar bien lo verbos o hacer bien hecho un plié…

Hacer bien hecho un plié… El MAESTRO JAIME BLANC, que en paz descanse, me enseño que “Todas las verdades del mundo caben en un demi plié” (frase de su autoría). Para mí el maestro es una gran referencia, y aunque no tengo las palabras completas para agradecer su existir, aprovecho que ahora he mezclado el cuerpo con la cerveza y me afloran unas letras.

Tengo por ahí guardas las grabaciones de unas conversaciones entintadas por los mezcales y los tequilas en la terraza de unas grandes amigas entre ellas su alumna directa (heredera diré sin más) mi maestra Cristina Garza. De la maestra Cristina aprendí lo que ahora soy en la Danza y ella aprendió del Maestro Jaime, y hubo un tiempo, un tiempo raro/bello en el que los tres coincidimos en los salones de la Facultad de Danza de la UANL y en esas tardes haciendo la segunda clase de Graham del día escuchaba la manera calma del maestro Jaime de contar su propia música y nos daba referencias que en aquel tiempo yo no entendía pero que ahora me resuenan; Siempre, siempre hablaba de la VIDA INTERIOR.

Querido maestro, usted ha cultivado lo divino: Que su nombre se mantenga de generación en generación siempre como el ejemplo VIVO de que la danza es una conjunción perfecta entre acción y pensamiento.

Yo le agradezco por las clases, su abierta disposición al diálogo y la indestructible herencia de haber creado la profesión que ahora me alimenta.

La foto de hoy es del Maestro Jaime en un libro en la Biblioteca de la Folkwang (mañana les agrego el crédito hehehehe).

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